Si tuviesen el don de la palabra, las
cucarachas podrían relatarnos,
como testigos directos, una gran parte
de la historia de nuestro planeta tierra,
que habitan unos 350 millones de años,
inmediatamente después de que las
primeras formas de vida ganasen la tierra
firme. El periodo de estancia del hombre
moderno sobre la tierra es de unos 100.000
años, es decir menos de un tercio
de milésima parte que el de las
cucarachas. Y es asombroso que en los
casi 400 millones de años transcurridos
desde su aparición, las cucarachas
no han necesitado cambiar de aspecto,
por lo que son verdaderos fósiles
vivientes.
Las
cucarachas pudieron ser testigos de la
primera aparición de ese instrumento
maravilloso que es el poseer alas. Se
pasearon entre las patas de los dinosaurios,
y son más resistentes, comparativamente,
que una ballena o un tiburón, sobreviviendo
bien a catástrofes como las bombas
atómicas lanzadas sobre Hiroshima
y Nagashaki en la 2ª Guerra Mundial.
A
lo largo de su vida, uno o dos años,
una cucaracha pone unos 300
huevos,
que se convierten en adultos a los 60
días tras la eclosión. Ello
significa que, desde una cucaracha inicial,
al cabo de un año, se originan
casi 100.000 descendientes. Se han censado
casi 5.000 especies diferentes de cucarachas
en todo el mundo y deben existir otras
tantas aún sin clasificar, abarcando
desde las minúsculas Attaphila
fungicola (de unos 4 milímetros)
hasta la gigantesca Macropanesthia rhinocens
australiana (cercana a los 20 centímetros).
Unas 25 especies han logrado una distribución
global, resultado de su propensión
a vivir junto al ser humano pero la mayor
parte de las hoy existentes pertenecen
solo a cuatro especies. En un 99% las
cucarachas son inofensivas para el hombre
e, incluso, cumplen un destacado papel
ecológico, incorporando nutrientes
en el medio ambiente, pues consumen materia
orgánica y sus desechos sirven
como fuente de alimentación a organismos
microscópicos que se encargan a
su vez de convertirla en humus (asimilable
por las raíces de los árboles).
INSECTOS
Los
registros fósiles indican una relativa
abundancia de cucarachas ya en el periodo
carbonífero. Este periodo forma
parte del paleozoico, comenzó hace
362,5 millones de años y finalizó
hace unos 290 millones de años.
El nombre tuvo su origen en Gran Bretaña,
donde se aplicó por vez primera
en 1822 a los estratos portadores de carbón
(del latín carbo, 'carbón'
y ferre, 'portar') de Inglaterra y Gales.
Por ello, las cucarachas han vivido casi
toda la historia de ese éxito de
la evolución que son la clase a
la que pertenecen, los insectos, que representan
el 85% de la diversidad animal y que han
conocido las tres grandes explosiones
evolutivas que llevaron, respectivamente,
al desarrollo de las alas, la metamorfosis
y la vida en sociedad.
Hace
unos 450 millones de años, alrededor
de los periodos ordovícico y silúrico,
la atmósfera había alcanzado
densidad suficiente para filtrar los rayos
UV y permitir el desarrollo de las primeras
plantas en tierra firme. Inmediatamente,
algunos animales artrópodos, con
patas articuladas, colonizan esas zonas,
asegurando la implantación de las
formas de vida sobre la tierra firme.
¿Se desarrollaron los insectos
a partir de los miriápodos, animales
de numerosas patas y con tráqueas
respiratorias, o más bien lo hicieron
a partir de los crustáceos?. En
cualquier caso, en el periodo devónico,
hace unos 400 millones de años,
ya existían insectos terrestres
en las zonas pantanosas cálidas
y húmedas. Y en el carbonífero
inferior, hace unos 350 millones de años,
experimentaron su primera explosión
evolutiva, al aparecer las alas y la posibilidad
de volar.
La
segunda explosión evolutiva fue
la de la crisálida, bien con metamorfosis
completa (como los lepidópteros,
las mariposas) o con metamorfosis incompleta,
como las cucarachas. La tercera explosión
evolutiva coincidió con la de las
plantas con flores, las angiospermas en
cuya polinización los insectos
juegan un papel importantísimo.
EVOLUCIÓN
De
acuerdo con las normas dictadas por la
naturaleza, desde que comenzó la
vida, hace unos 3.800 millones de años,
las diferentes
especies de seres vivos han ido variando
sus formas, dimensiones y comportamientos,
adaptándose a las variaciones ambientales
para perpetuarse. Gracias a estos mecanismos
evolutivos, la Tierra está habitada.
Por ello, todas las especies han sufrido
profundas modificaciones que han estilizado
o redondeado su tamaño, eliminado
o añadido patas, agregado alas,
cambiado branquias por pulmones, originado
miles de ojos o situado una boca en la
espalda, siendo todas ellas estrategias
de supervivencia. A veces, sucede un error
en el camino evolutivo o una catástrofe
imprevista y determinados grupos terminan
en el callejón de la extinción.
El caso más conocido aconteció
hace 65 millones de años, cuando
un gigantesco meteorito cayó sobre
la Tierra acabando con dos terceras partes
de la biodiversidad. Entre otros, con
los dinosaurios, los auténticos
dueños del planeta en dicho momento.
Es decir, los más fuertes y preparados
de cuantos seres existían entonces.
PERSISTENCIA
Por
ello, asombra la característica
más destacable de las cucarachas,
su persistencia evolutiva. Igual que los
individuos adultos son muy semejantes
a los jóvenes el paso de unos cientos
de millones de años no parece afectar
su aspecto externo. Hace algo más
de un año geólogos de la
Ohio State University caracterizaron el
fósil completo más grande
de una cucaracha registrado hasta la fecha,
una cucaracha que vivió hace unos
300 millones de años, es decir,
unos 55 millones de años antes
de los primeros dinosaurios, en una zona
entonces pantanosa de Ohio. Pues bien,
la cucaracha fósil es totalmente
parecida, aunque mayor, que las modernas
que viven en los trópicos.
Es
indudable que con las cucarachas la evolución
echó el resto en cuanto a capacidad
de supervivencia se refiere. No contenta
con adaptarse a cuantos cambios ha sufrido
nuestro planeta en los últimos
400 millones de años, la cucaracha
es una de las escasísimas especies
a las que no parece afectar la guerra
sin cuartel que el hombre ha declarado
a la naturaleza. Es más, la cucaracha
se aprovecha de nuestra especie y nos
parásita. Hasta tal punto que fue
el primer animal localizado, sin ningún
daño aparente, tras la explosión
nuclear de Mururoa. Al margen de la evolución
y agarrados a las más diversas
condiciones, estos fósiles vivientes
son testigos inmutables de gran parte
de la historia del planeta.
Por
ello, la próxima vez que nos encontremos
con una cucaracha quizá tengamos
tiempo de reflexionar sobre su victoria
evolutiva y sustituir el sentimiento de
desprecio por un cierto tipo de respeto.
Al lado de ellas, los humanos somos unos
simples advenedizos en el planeta tierra.